Memoria e identidad: somos lo que recordamos ser.
La memoria es un elemento constitutivo de la propia
identidad, ya que un sujeto que viviera solamente el presente, o el anhelo de
un futuro soñado, sin detenerse a rememorar su pasado, no sabría quién es. El
yo que soy es consecuencia del que fui, pero sobre todo de lo que recuerdo de
aquel que fui.
En tanto la identidad individual, ya sea que se entienda en
términos de mismidad o ipseidad (Ricoeur, 1996), autenticidad (Taylor, 1994), o
identidad narrativa (MacIntyre, 2001; Taylor, 1996; Ricoeur, 1994), estaría
acentuando el carácter diacrónico de la relación del individuo consigo mismo.
Para el pensamiento postestructuralista este lazo se
construye a partir de un exterior constitutivo que cohesiona al grupo por su
identificación con un enemigo en común. Para Benedict Anderson (2006) es el
relato de la nación el que permite en el siglo XIX construir una comunión entre
personas que no se conocen, a pesar de sus diferencias. Para Max Weber (1996)
el grado más alto de unidad es producto de la común identificación de las masas
con el líder, quien crea desde fuera los lazos imaginarios de identificación.
Lo que en este punto urge demarcar es que al momento de pensar las identidades
colectivas, la atención se coloca del lado de las relaciones sincrónicas de
identidad entre los miembros de un colectivo.
Por otra parte, dentro de los estudios sociales, hablar de
la memoria e identidad nos remite adentrarnos al interior de una cultura. Por
cuestiones metodológicas y teóricas conceptualizaremos, que la memoria, es
producto de la cantidad de relaciones sociales y la práctica colectiva, es
decir, es el concepto que reserva, acumula, reconstruye, reconoce imágenes
simbólicas, etc. En términos de Blakemore (1997), en el sentido más amplio, el
aprendizaje es la adquisición de conocimiento y la memoria es el almacenamiento
de una representación interna de tal conocimiento.
Dentro de la adquisición participa una serie de hechos
referentes del pasado histórico y social, este hecho marca la referencia y la
amplitud de los hechos o fenómenos, para lo cual las diferentes entidades
participan en la exposición de sucesos. La memoria es dinámica cada generación
selecciona y examina de acuerdo a su interés justificando por algunas razones
comunes; en las líneas de Lechner (1998), los usos de la memoria pueden
justificar la repetición del pasado como legitimar la transformación del
presente. Pero los diferentes usos se guían por una misma brújula en esas miras
del futuro, que el pasado es revisado y reformulado; la memoria establece
continuidades y rupturas y es ella misma un flujo temporal.
En cambio, la identidad, encierra un sentido de pertenencia
e "igualdad" de un grupo social donde comparten rasgos culturales,
como costumbres, valores y creencias; se alimentan continuamente de la
influencia endógena y exógena; en este sentido hace referencia a la mismisidad
y a la continuidad de "algo", en contraposición a la
"variedad" y el "cambio".
De ahí, lo importante de buscar las raíces, la autenticidad
de la identidad que aparece como esencia, como una condición inmanente del
individuo; la identidad es conciencia y a la vez construido sobre diferentes
bases que actúan simultáneamente con las estructuras patrones sociales y
culturales de las sociedades "la identidad es pues el fenómeno que está
presente en la forma en que los miembros de un grupo se definen y son definidos
por los otros. Estas definiciones y circunstancias concretas, se constituyen en
función de necesidades e intereses estratégicos de sobrevivencia, (alianza,
afinidades, relaciones de parentesco...) propios de cada cultura, se inventan y
se recrean mediante recursos múltiples; y están sobre todo determinados por la
relación entre "nosotros" (inclusivo/el "otro" exclusivo)
con los "otros". (Ferrúa, 2003: 11).
Dentro de éstas consideraciones, la identidad de un
individuo está modulada por la cultura y la sociedad en sus múltiples facetas y
de la cual los símbolos que los identifican son extraídos del propio medio
natural, social y cósmico que los rodean; donde las raíces culturales son
elementos vivenciales, donde muchas veces juegan roles importantes la
construcción o manifestación; la identidad manifiesta una relación común y
concreta. Independientemente de aspectos raciales (o biológicos) la identidad
es una conciencia de aspecto auténtico, es decir cultural; los mensajes de esa
unidad están codificados por símbolos, con una profundidad imperecedera que
supera cualquier escritura convencional ya que ello es esencial en la
colectividad, dan forma y alimenta a ese alma espíritu que es la identidad
cognitivo.
En conclusión, la memoria e identidad, son categorías y
unidades de estudio y como posibilidad de análisis puede servirnos en dos
aspectos fundamentales; primero como una unidad de análisis
teórico-metodológico, a partir de los modelos conceptos, nociones de los estudios
de las diversas disciplinas y enfoques, y en segundo lugar como categoría
social, donde se construye y reconstruye desde las diferentes vertientes y
percepciones de la praxis social.
BIBLIOGRAFIA
-Antrop. Percy Escriba "Memoria e identidad en Incaraqay"
-Gastón Souroujon (10/11/2009) "Reflexiones en torno a
la relación entre memoria, identidad e imaginación
-Julio de Zan (2008) "Memoria e identidad"